LEYENDAS


 

“ LOS ZAPATOS DE BERNARDA ” 

Bernarda estaba despertando al amor, con sus dulces trece añitos creía en príncipes y princesas de esas de los cuentos de hadas, todas las tardes cuando el sol se ponía en reposo dejando las auras nubes teñidas en fogosos crepúsculos, ella se encontraba con su amado en el viejo puente de Chipilapa, el tiempo se detenia y ella creía alcanzar con la mano esas estrellitas que tímidamente se empezaban a asomar en el bello cielo de Jalapa.

Sobresaltada por los regaños de su padre quien le reprendía por su atrevimiento ella lo seguía a pocos pasos pidiendo casi en silencio perdón, callese! Le decía Don Ramiro buen hombre pero estricto quien Por fortuna o desgracia era su padre.

Ya las las tardes a partir de ese dia ya no recortaban la idílica figura de los jóvenes enamorados y en su lugar los pajaros trinaban como sintiendo en sus cantos la alargada ausencia de Bernarda . Sus repiqueteante s pasos solo la llevaban cuando acompañaba a su mama a la iglesia el domingo o a algún mandado obligado.

 

 


Asi son los sueños hijita ella a secas le respondió La persistente toz y esa extraña palidez l se hicieron sus compañeros inseparables, en sus largas horas tendida en esa butaca de cuero de chivo que le mandaron ha hacer donde el Tio Lolo en San Pedro Pinula, ella contaba mariposas envidiando su libertad para ir a cualquier lado y ella allí sin ver a su amado.

De nada sirvió el horrendo jarabe de cañafistola, ajos , ocote y dulce de panela . que dia a dia le hacían tomar protestando cada vez mas débilmente. Una Tarde cuando Carmelita le leia un libro sus ojos se cerraron y el espíritu se le salió, como aquellas dichosas mariposas que revoloteaban en el añoso patio.

Muchas mujeres vestidas de negro con largas madrileñ as vinieron a rezar, el domingo por la tarde la fueron a enterrar ya nadie quedaba en el cementerio solo Don Ramiro que lloraba desconsolado sin querer apartarse del lugar, muchos trataron de convencerlos pero fue en vano. No se sabe cuanto tiempo paso, pero sin darse cuenta obscureció y……..! Toc! Toc! Toc!

Gruesos goterones de agua como semillas de tapacundo empezaron a caer haciendo hoyitos en la tierra! De repente una extraña risa emergió de la recién cerrada tumba, el pobre hombre sintió l a piel como de gallina, los pelos de punta y los pies de cemento -era la inconfundible risa de Bernarda !- como pudo se incorporo sintiendo que algo pasaba a su lado, y atonito vio dos blancos zapatos correr velozmente, perdiéndose entre las tumbas y los maltrechos nichos. Dicen que Don Ramiro, se fue voladiiiiiiiiiiiiiito a su casa muerto de miedo.
 
 
Los zapatos de Bernarda
Las hermanas cautivas
El Hombre Sin Cabeza
Niño Bajo La Tormenta
Los Palomos
El cadejo
La Mano Peluda
Barba De Viejo







 




 
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